lunes 28 de marzo de 2011

FESTIVAL DE "EREVISION"

Retratados en el silencio de un espejo, rotundo en la expresión un tanto empírica, los ruines se bambolean y, con sus gestos, arrastran a los pigmeos que vagan en la incertidumbre. Se trata de la sucesión incuestionable de un hecho que se palpa y, el espacio, aporta situaciones connotadas que hacen historia pasando tristemente por una vida vacía, vil y despreciable. Si es un juego no está del todo claro el paso dado que convierte la secuencia en una norma… así es la anarquía, un pleno orden de elementos totalitarios que componen un mismo conjunto de sabandijas. Por eso toca festival. Festival de “Erevisión”, que es lo que está de moda y, como aquí más de uno va a cantar y a otros les tocará bailar con la más fea, pues llegó la hora del festival. El Cimitarra, radical e insultador como nadie, sacamuelas, charlatán y enredador absoluto marca también una estructura que anuncie el discurrir de la corriente, una forma de ser, un estandarte de mentira, un blasón de sacapelotas, un seudónimo salido, una forma de saltabardales desconocido hasta la fecha. Puede ser, asimismo, un eufemismo, un seísmo, una luz, una miseria, si acaso el misterio de la muerte encerrado en el devenir de la vida, o el placer de sentir algo incongruente; también un abismo que transforma un recurso casual en arte serio, tal y como lo hace la Imputada; vivencias espirituales de un Piedralejo que cantó en un tiempo himnos radicales con el brazo mirando al sol o el fiel criterio de un Falete Troll sin más opinión que la de su bolsillo, de un arte carismático o psicópata enlazado con la baba colgante de ese simio gorilaceo garabateador y escribiente de editoriales analfabetas, antropoide saltimbanqui de los deseos de Juanito, el radiofonista bizco del gorro verde. Y es que un aluvión de recuerdos agolpados y formando opiniones en el contexto con los objetos tangibles (la gente no debería poder recordar de la misma forma que las mujeres de sexo no deberían opinar, ¿verdad, Juanito?...) son el sello estampado en el ser, en su amalgama, con el fin de aceptar la obra de un sandio único. Eso me recuerda que estoy adelantándome al capítulo noveno de “EL DEL GORRO VERDE. TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA DE UN SOBERANO IMBÉCIL” de mi amigo, el Juntaletras, porque, si los casos “Pajarita de Papel”, las “Pieles Impagadas”, los “Jamones Robados”, los “Pistachos extranjeros”, el “taxi de mentira”, la “radio ilegal”, los “Mármoles agenciados”, “la limpieza de joyas”, “los polvos de talco” y los partidos de “Palmeyra”, “PIL-PIL” y “Merengue” ya hicieron de él un radiofonista archiconocido y despreciado por igual Juanito, extremista en todas sus facetas, se pasó a defender los ideales de la izquierda más radical mezclándose con sanguijuelas de postín como él mismo, que era lo que más le gustaba. Además, seguía manteniendo el sueño de colocarse por medio de la política, pero no para ejercer de político sino para vivir directamente del pueblo sin dar un palo al agua que, a la postre, era lo único que había hecho durante su vida: vivir de los demás, a costa de los demás y, sobre todo, delinquir. Comenzó a llamar “fachchcha” a todo el que pillaba, aunque se tratara de mozalbetes criados en democracia y olvidándose de lo mucho que él mismo lloró con la muerte de un dictador, al que quiso presentar sus respetos (aún con el moco colgando) estando de cuerpo presente. Y es que, el bizco gordinflón sansirolé, olvida con facilidad. Olvida el día que alguien le dio un cheque para que ingresara y que jamás se ingresó… bueno, sí que lo hizo, sólo que en lugar de en la cuenta que le indicaron se lo ingresó en sus propias alforjas. Olvida también el día en que un par de acreedores le dieron caza y se echó a llorar como una niña, el pobre sátiro con estructura monotesticular, argumentando que no devolvía el dinero porque tenía un familiar con una “gravíschima enfermedad y sche me va a morí, la probe, sche me va a morí…” La cuestión es que, ejerciendo de embustero en su radio de mentira (negocio en el que se movía como pez en el agua), siguió con sus negocios fraudulentos nuestro ridículo sietemachos, insultando, inventando y tergiversando la información por ver si atontaba a la población que le escuchaba, únicamente, por disfrutar de otra de las piruetas del payaso, en su circense mundo de mentira, ahora progre, por supuesto, una vez que la insignia del “pollo de platino” estuvo bien escondidita bajo su colchón de simploncete, mentecato e incauto. Será momento de levantar al cielo la mirada y escuchar la voz de nuestro eco, será el signo de desprecio al ser apadrinado por Belcebú, será el silencio bienvenido entre tanta mentecatez de bribones y villanos sin rubor y con gorro verde en el marco del tiempo en que vivimos. Me dice el Chatarra que, para un esnob como Juanito, su cacareada fama como amante también tiene una importancia capital, sobre todo por lo que dicen las féminas, descontentas por lo demás, con semejante sobrero unihuevo. Pero eso lo dejaremos para el siguiente capítulo del más socarra y rufián de los radiofonistas.