La arboleda, con su policromía natural innata, representa para los ciudadanos vivienda sin tejado ni paredes que opriman ilusiones infantiles en esas edades en que todo es esperanza. Se ansía un tiempo en que vivan las aves en lógica armonía, sin rencores, brindando cantos a la vida por la paz, palpable en los paseos y la libre expresión del amor. Los niños cumpliendo años y sueños, jugando felices, expresando situaciones, saltando, brincando, chillando, corriendo, festejando la libertad que disfrutan sin temores y compartiendo, dando ejemplo a sus mayores. Claro está que, cuando ciertos políticos se comportan como niños, el resultado no es el mismo. Si la Imputada azuza al Troll, ese famoso inculto, malasombra, malauva y malcarado, malcriado, maleante y malsín, máximo exponente del recientemente creado “club de mamarrachos insignes” junto a su jefa y Juanito, el radiofonista bizco del gorro verde… pues si la Imputada espolea a sus animales, esta pareja de mamelucos, a sembrar la controversia, el miedo y el enfado generalizado, acaban comportándose como críos: jugando a la política, saltándose las normas, brincando sobre los demás, chillando sus argumentos vacíos y corriéndose de aquí a allá, prueba inequívoca de que la genitalidad está tan presente en sus actuaciones como en el cerebro de Juanito que, al fin y al cabo, no deja de ser quien manda en el cotarro.Esto me recuerda que dejamos en espera el segundo capítulo de “EL DEL GORRO VERDE. TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA DE UN SOBERANO IMBÉCIL”, ese exhaustivo estudio de mi amigo, el Chatarra, sobre el personaje más lamentable, mamerto, tonto, haragán, egoísta y mandria que escupiera el infierno al mundo. Así que es de justicia retomar su lectura.
Tras el escándalo de “el caso Pajarita de Papel” Juanito se puso en movimiento inmediatamente. Había probado lo bien que sabe el dinero fácil y como una madre entusiasta del punto, del ganchillo y las labores guardianas de sus hijos, amantes de bancos raídos, de solera y tradiciones, se decidió a dar un nuevo golpe de efecto en lo que llamaremos “el caso de la piel impagada”. Como se concedía manga ancha y se admitía como mangante, se empecinó en poner un establecimiento de venta de pieles varias. Abrigos, bolsos, zapatos, guantes, preservativos, pañuelos, cuchillas de afeitar… cualquier cosa que pudiera ser de piel y, las que no, él mismo se las inventaba. Contactó con una empresa de distribución para obtener la mercancía y vivir del crédito, que es como mejor vive quien no paga sus cuentas. Lo poco que vendía se lo volvía a gastar en sus propias farras y fantasmadas de insulto insolente hacia sí mismo y los que le rodeaban que, por fortuna, cada vez eran menos.
Pero como de mangorrero no podía durar demasiado, su principal proveedor exigió el pago de su deuda, que ya ascendía a un milloncito de pesetas rubias de las que pasaron a la historia. Como es lógico en un holgazán, fantoche y marmitón como Juanito, ni siquiera se confesó en la ruina. Simplemente, tomó las de Villadiego, esperando que el problema se volatilizase por sí solo. Y como los que tienen que cobrar suelen impacientarse en estas cosas, le denunciaron, así que le acabaron por embargar la única propiedad que semejante marrajo ha tenido en toda su inútil vida: su casa. A partir de aquel día vivió en régimen de alquiler, sin nada a su nombre, conocedor de que volvería a tropezar con la misma piedra varias veces en su vida y sería mejor no dejar más rastros de sí mismo que su propio hedor corporal o la amplia lista de bajas que iba dejando a su paso.
No sería el mundo de las pieles el último de sus escarceos empresariales. Aún le esperaban otras vilezas sin piedad por los demás, ya fueran amigos, vecinos, familiares o lo que se terciara. Pero este debe ser asunto para el tercer capítulo de la vida y milagros del más sucio, marrullero, fanfarrón, maula, mazacote y, sin embargo, meapilas más famoso entre ilegales, delincuentes y puteros del contorno. Por suerte, su historia permanece entre jóvenes y mayores, comentando anécdotas curiosas, caminando por un parque que, de siempre y por siempre, será su paraíso.
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