miércoles 2 de marzo de 2011

DE PROHIBICIONES Y JUANITO´S

Queda prohibido opinar. Eso dicen los seguidores del pensamiento único. Queda terminantemente prohibido pensar, manifestarse contrario a lo progre, viajar por la vida con el alma candorosa, el espíritu libre y alas renovadas. Está mal, pero muy requetemal, criticar a las asociaciones politizadas, a los liberados sindicales que honradamente se enriquecen sin madrugar ni una sola vez y desamparando a quienes les necesitan, condenación para quienes se atrevan a ir en contra del club de la ceja puntiaguda, a quienes caminan como paladines del alba, cantando cada mañana los susurros de su corazón. ¡Ay de aquél que mire directamente al sol que le alumbra cada día! Desdichado el que ofenda, si acaso con la indiferencia, a personajes ilustres como la Imputada, amante de nubes, cielos en calma y ríos desviados; al Totalitarista, adicto a las expresiones corporales, al cántico del sentimiento entre obedientes camaradas, a la seguridad de unas piernas que se mueven conforme a la danza ordenada y a coleccionar votos etarras. Cuidado con los que admiran la belleza de la vida y los bailes de la libertad, preveníos del ritmo de los cuerpos que dan rienda suelta al alma. Graves peligros para quienes no se dobleguen ante la intransigencia del Cimitarra, los recauchutados gestos de la Pobreza… y tantos otros excelsos personajes del culto al billete como el Bovino (famoso Churro Limonero) o Martín, el “Encadenao” (personaje singular que merece el respeto del señorito de cortijo).
Por todas estas cosas, el Chatarra, que ejerce de criatura libre y, por tanto, prófugo del pensamiento único, incumple las normas en una rebeldía inusual que (como le ocurre con la complicadísima lectura de un libro de primaria) el Falete Troll no logra comprender… y es que, semejante criatura, no sale del eructo, el gruñido del cerdo o el sorbete de su nariz.
Pero no debo desviarme de lo verdaderamente relevante. Ahora que el Juntaletras ha descubierto que Juanito, el radiofonista bizco del gorro verde, es quien manda en los designios de la progresía del contorno, mi amigo ha cumplido su palabra y me ha enviado un documento extraordinario titulado: “EL DEL GORRO VERDE. TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA DE UN SOBERANO IMBÉCIL”.
Capítulo primero: El jaque que nos ocupa invirtió su niñez, fundamentalmente, en una admitida, confesa, incontrolada y continua masturbación. Como niño tocante no tuvo igual en el mundo. De nada sirvieron los azotes, los consejos pastorales ni las risotadas de sus amigos, que le decían continuamente aquello de: “Te vas a quedar tonto, Juanito”. A lo que él respondía: “Estando yo caliente, ríase la gente”. De ahí que, efectivamente, se quedara idiotizado de por vida. Se ve, por tanto, que su capacidad intelectual mermada se vio acelerada enormemente por su efusión adolescente, de forma que jamás fue capaz de interpretar un solo proverbio, refrán o frase célebre que no le llevara a entregarse a sus obsesiones genitales.
Desde muy joven ejerció de jesuita y bravucón, inventándose mil historias sin fundamento, asunto este en el que (como en todo lo demás) no llegaría a corregirse jamás, inventándose aventuras imposibles, amantes inexistentes y carreras universitarias que jamás realizó, ya que un jeta con vocación de asno como él jamás de los jamases habría sido capaz de completar la lectura de “El Principito”, mucho menos la asimilación de conceptos de un libro de texto.
El mayor golpe que le dio la vida fue el abandono de Olivia, una muchachita por la que bebía los vientos, se sorbía las babas y erotizaba sus pesadillas. La chica, educada, fina y de una elegancia absoluta tenía, como es lógico, aspiraciones más serias (tal y como luego se demostró) que las de un libertino, demente, macaco y macarelo como Juanito. El pobre lloró un poco, pero se le pasó pronto, conforme se tocó, como de costumbre, observando tendida la ropa interior de su bisabuela.
Durante su juventud sirvió de risa a todos los que le conocían, puesto que no siempre se tiene cerca un payaso que llegue a creerse que le toma el pelo al personal y que se le note tanto.
Su primera gran fechoría de magancés tuvo lugar en su primer trabajo serio, ya que anteriormente estuvo ejerciendo de experto en nada, cosa que le duró tan poco como la imaginación y el embuste. Se trata de lo que llamaremos “el caso de la Pajarita de Papel”. Y es que, nuestro majadero del gorro verde, se dedicó a robar en su propia empresa de “pajaritas de papel” materiales de oficina, folios en blanco, folios usados y las bragas de la secretaria del jefe, si hubiera sido necesario, para venderlo en papelerías y garitos varios por sacarse un sobresueldo. El asunto es que hay que ser majareta para sacarse de sobresueldo más de dos millones de pesetas de cuando el euro resultaba una utopía absoluta, es decir, de cuando con una peseta uno se compraba dos chicles, un paquete de patatas y pagaba la entrada para un coche.
Como es normal, el anormal de Juanito fue despedido. Le duró poquito. De hecho, no volvió a tener un trabajo decente en toda su vida y es que, una vez catado el elíxir de la ilegalidad, le pilló tanto gustirrinín como a toquetearse la próstata, el páncreas, la vesícula o lo que fuera que le colgase.
Obviamente, se fue superando. Por lo cual, lo siguiente fue aún peor. Pero eso forma parte de otro capítulo, así que lo dejaremos aquí por hoy.